El renacer del imperio: Emperador

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            Gaius estaba radiante. Había esperado ese momento durante mucho tiempo. Salió al balcón, donde cientos de seguidores se habían acercado ante las noticias de que el gobierno electo había sido derrocado. La muchedumbre jaleó al verle aparecer. La emoción le embargaba. Al ver que la multitud no se calmaba, levantó la mano indicando que guardasen silencio. El gentío le obedeció.

—Hermanos romanos, hoy es un gran día para todos nosotros. Los traidores a Roma han sido expulsados del Gobierno. Hemos soportado siglos de políticos corruptos. Hemos visto como nuestros hermanos de las colonias fueron abandonados, hemos visto como alimentaban los pequeños movimientos insurrectos; dejando que estos se apoderasen de regiones romanas; dejando que formasen naciones que sólo existían en las mentes perturbadas de unos pocos locos; dejando que Mongolia se apoderase de nuestro liderazgo mundial. Han conseguido que Germania, que tanto sudor y sangre costó a nuestros ancestros civilizar, se sienta tentada por el poderío mongol. Eso no lo voy a tolerar. Pueden robar y expoliar nuestras arcas. Pueden provocar que millones de romanos estén hambrientos. Pero lo que nunca les permitiremos es que hagan a un romano dudar de la grandeza de sentirse romano.  ¡Eso nunca! —dijo provocando la ovación de la gente —. Por ese motivo hemos tenido que tomar esta difícil decisión. Roma y su pueblo merecen respeto. Todo romano volverá a sentir orgullo de su patria. Los traidores pagarán caros sus actos.

            Gaius iba marcando cada frase de su discurso con un movimiento brusco de sus brazos. El público, que se había reunido en el Foro, rugió al escuchar las palabras de su nuevo emperador.

—Os prometo que Roma volverá a ser grande. ¡Declaro restaurado el Imperio Romano!

            Al escuchar la arenga, sus seguidores comenzaron a entonar el himno del partido Grande Roma.

Guardan su alma siete colinas,

corazón del imperio eterno,

sus legiones esperan dormidas

la conquista del mundo entero.

Grande Roma, Grande Roma.

Tu grandeza nunca se fue.

Grande Roma, Grande Roma.

Nuestro imperio volverá a renacer.

            Gaius acompañó a sus seguidores con el brazo en alto. Al acabar el himno atronador el Foro se quedó en silencio esperando que el nuevo Cesar continuara con su discurso.

—Es emocionante ver que todo por lo que hemos luchado ha tenido sentido. Vosotros sois la razón por la que hoy estoy aquí. El pueblo de Roma es la fuerza de nuestro Imperio. ¡Roma volverá a ser grande!

—Gaius Cesar, Gaius Cesar —comenzaron a vitorear los presentes.

            Gaius hizo una señal discretamente a uno de sus hombres que se encontraba entre la multitud.

—Muerte a los traidores —el compinche de Gaius repitió varias veces.

            Algunos de los que se encontraban a su alrededor se contagiaron con sus gritos. En pocos segundos el grito contra los traidores retumbó por toda la ciudad de Roma.

—El pueblo de Roma ha hablado. Que así sea —dijo Gaius ante la petición del público.

            Entró en el Senado dejando tras de sí la algarabía de sus seguidores.

—Ya habéis escuchado al pueblo de Roma —dijo Gaius a sus centuriones —. Realiza los preparativos. Les vamos a dar una lección a esos traidores como el mundo no ha visto en más de mil años.

 

 

 

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