La especie dominante: El visionario

            Los ojos de Ijtur comenzaban a mostrar síntomas de cansancio. Llevaba seis meses recorriendo las principales ciudades europeas, el mismo tiempo que llevaba sin poder ver a su mujer y sus hijos. Ella había insistido en acompañarle, sin embargo, él sabía que era un riesgo inaceptable. Estaba amenazado de muerte desde que comenzó su defensa de los derechos de los uktur. En cualquier momento algún loco iluminado podría atacarle y no estaba dispuesto a poner a su familia en peligro.

            Los uktur llevaban mucho tiempo subyugados a los hombres. Ijtur se enfurecía cuando usaban la palabra semihombres para catalogar a su pueblo. Hacía varias décadas que la comunidad científica había demostrado que se trataban de dos especies de homínidos distintas. Sin embargo, estos argumentos no sirvieron para liberar a los uktur. Los especistas los utilizaron como argumentos de la supremacía del Homo Sapiens.

            El doctor que le acompañaba en la gira no era uktur propiamente dicho, sin embargo, en los últimos años con el avance de la genética, se había descubierto que en gran parte de la especie de los hombres existía un pequeño porcentaje de ADN uktur, y el doctor no era una excepción.

            El coche entró en la avenida en la que se encontraba el teatro donde daría la conferencia. Cientos de especistas se congregaban a las puertas del auditorio.  Ese tipo de manifestaciones previas antes de sus conferencias ya era algo habitual, sin embargo, no conseguía acostumbrarse a las pancartas despectivas. «Semihombre», «Animal», «Vete a cazar Mamuts», eran algunas de las lindezas que se podían leer.

— ¿Quiere que llame al alcalde? Tiene una hija híbrida, creo que nos ayudaría. Podemos intentar que los dispersen rápidamente si se lo pedimos —le sugirió su asistente.

—No Víctor, a esta gente hay que convencerlos con la razón, no con la fuerza —respondió Ijtur.

            La policía trataba de contener a la muchedumbre que cada vez estaba más exaltada.  Un adolescente saltó el cordón policial con algo entre sus manos. A unos metros del automóvil se detuvo. Con los ojos llenos de rabia cogió impulso y lanzó con fuerza una piedra que salió despedida hacia la ventana trasera del coche en el que iba Ijtur. El impacto hizo que el cristal saltara en pedazos. Algunos fragmentos cortaron la cara de Ijtur, que había intentado cubrirse sin éxito.  Al instante, los policías saltaron sobre el agresor inmovilizándolo. El guardaespaldas de Ijtur hizo el ademán de salir del coche.

—Quieto Darío. Lo único que provocarás es que nos odien aún más —le ordenó previendo sus intenciones.

            Los allí congregados comenzaron a expeler gritos contra los policías. Los consideraban traidores de su especie.

            Al llegar al auditorio Ijtur salió del coche y enfrentándose a los manifestantes, hizo el gesto de la liberación uktur, que él mismo había popularizado. Los dedos entrelazados de ambas manos se abrían llevando cada mano en direcciones opuestas, como símbolo de querer abrazar a su opresor.  Entró en el teatro, dejando atrás a la multitud más enfurecida si cabe tras su gesto.

            Las gradas estaban llenas. Unas dos mil personas llenaban el pequeño teatro. Para Ijtur era todo un logro. Al comienzo de la gira no eran más de un centenar de personas las que acudían a sus conferencias.  El movimiento estaba en marcha y él sabía que tendría éxito.

—Queridos amigos y amigas que estáis hoy acompañándonos —dio inicio como siempre lo hacía —. Tenemos ante nosotros una de las mayores oportunidades históricas para resolver una injusticia que lleva aconteciendo milenios. Cuando los primeros hombres llegaron a Europa, los uktur ya poblábamos este continente. Tras esto y aprovechándose de nuestra menor capacidad social, los hombres esclavizaron a los uktur durante miles de años. Hemos luchado en las guerras de los hombres; hemos cultivado sus alimentos; cuidado sus rebaños;  servido sus comidas e incluso nuestras hermanas uktur han sido usadas como esclavas sexuales. Pero ha llegado el momento de decir basta. No con rencor, ni con venganza. Lo único que exigimos es igualdad. El autodeclarado y mal llamado  «Homo sapiens» tiene que parar con estas atrocidades.

            Un barullo se escuchó en la entrada principal interrumpiendo el discurso de Ijtur. Un policía entró en el teatro acompañado de otros diez hombres uniformados. Subió al escenario y arrancando el micrófono de las manos de Ijtur dijo:

            Esta conferencia se ha acabado. Por orden del Ministerio de Justicia —dejando el micrófono de lado se dirigió a Ijtur —, señor, debe acompañarme. Está usted detenido.

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